Por un modelo aragonés y cooperativista en paz

Por Pedro Ausejo, Secretaría Técnica de CEPES Aragón.
Publicado en la versión impresa del Diario de Teruel (3 de julio 2026).
Foto: Cereales Teruel, s.coop.

Hablar de cooperativismo en Aragón es hablar de una manera clara de estar en el mundo: trabajar, decidir y avanzar con otros. En una época marcada por conflictos internacionales, incertidumbre económica y pérdida de confianza colectiva, el lema elegido para el Día Internacional de las Cooperativas de 2026, “Cooperativas por un mundo en paz”, no puede entenderse como una frase amable de calendario. Es una brújula. Nos recuerda que la paz no se reduce al silencio de las armas, sino que también se construye con empleo digno, democracia económica, igualdad de oportunidades y comunidades capaces de sostenerse.
El próximo 4 de julio, cooperativas de todo el planeta volverán a celebrar una jornada que el movimiento internacional conmemora desde 1923 y que Naciones Unidas reconoció oficialmente en 1995. Este año, la Alianza Cooperativa Internacional ha querido poner el foco en la capacidad de las cooperativas para tender puentes, reforzar la cohesión social y generar confianza. Esa idea de paz positiva encaja con el día a día cooperativo: crear espacios donde las personas participan, asumen responsabilidades y comparten los frutos del trabajo común.

En Aragón, ese mensaje tiene una resonancia especial. Nuestro territorio conoce bien el valor de las empresas que permanecen cuando otros modelos pasan de largo. Cooperativas agrarias, de trabajo asociado, de consumo, de enseñanza, de crédito, energéticas, de vivienda o vinculadas a los cuidados no son solo fórmulas jurídicas. Son raíces económicas. Allí donde operan, fijan población, impulsan empleo estable, aprovechan recursos locales y mantienen vínculos comunitarios.

CEPES Aragón ya subrayó, con motivo del Año Internacional de las Cooperativas en el 2025, que el cooperativismo representa una alianza entre empresa y territorio, capaz de generar actividad económica y bienestar común tanto en el medio rural como en el urbano. Las cooperativas producen, compiten, innovan y sostienen servicios. Pero lo hacen con una diferencia esencial: su centro de gravedad no está en la acumulación individual, sino en la utilidad colectiva.

Por eso resulta tan relevante el nacimiento de ARACOOP, la Federación de Cooperativas de Trabajo Asociado de Aragón. Dotar de voz común a un sector diverso es imprescindible para ganar presencia pública, mejorar el diálogo con las administraciones y proyectar una estrategia compartida. Un cooperativismo fuerte necesita organización, visibilidad y capacidad para explicar que sus valores pertenecen al taller de lo práctico.

Teruel ofrece, en este sentido, un laboratorio valioso. La web esteruel.info recoge una idea sencilla y poderosa: la economía social turolense reúne cooperativas, centros especiales de empleo, empresas de inserción, sociedades laborales, asociaciones y fundaciones comprometidas con la sostenibilidad, el cuidado de las personas y el territorio. No hablamos de una constelación dispersa, sino de una red con capacidad para responder a desafíos concretos: despoblación, relevo generacional, acceso a servicios, empleo de calidad y arraigo.

El Plan de Impulso a la Economía Social en la provincia de Teruel 2025-2027, promovido por la Diputación Provincial de Teruel con CEPES Aragón, da un paso más. Propone convertir esa realidad en hoja de ruta. Plantea gobernanza, participación, diálogo social, comunicación, formación, investigación, emprendimiento y empresa como ámbitos de trabajo. También prevé instrumentos concretos, como la Mesa Provincial de Economía Social, acciones educativas y medidas de apoyo al tejido empresarial. En otras palabras: pasar del reconocimiento a la ejecución.

A esa hoja de ruta se suma un reto señalado recientemente en Teruel: ganar tamaño. No para diluir la identidad cooperativa, sino para sostenerla mejor. Las cooperativas turolenses necesitan crecer, cooperar entre sí, ganar capacidad negociadora, mejorar economías de escala y competir en mercados exigentes sin renunciar a su cercanía. Lo muestran experiencias como Cereales Teruel (en la imagen), Caja Rural de Teruel, Luco Energía o Qilex: el tamaño importa cuando se trata de asegurar solvencia, abaratar costes, prestar servicios y hacer que el beneficio vuelva al territorio.

Este desarrollo provincial tiene una lectura que trasciende Teruel. Si queremos un modelo aragonés y cooperativista en paz, necesitamos políticas públicas que comprendan que la paz territorial se construye con oportunidades. No basta con pedir a los pueblos que resistan. Hay que dotarlos de herramientas para crear empleo, formar a la juventud, apoyar el emprendimiento colectivo y facilitar que las entidades de la economía social puedan crecer en su territorio.

El cooperativismo no promete soluciones mágicas. Su fuerza es menos ruidosa y más profunda. Se basa en escuchar, deliberar, repartir responsabilidades y pensar a medio y largo plazo. En un tiempo que premia la velocidad y la confrontación, cooperar parece casi un acto de resistencia tranquila. Pero quizá ahí esté precisamente su potencia: demostrar que otra forma de hacer empresa no solo es posible, sino necesaria.

En este 2026, “Cooperativas por un mundo en paz” nos invita a mirar lejos sin despegarnos del suelo aragonés. Desde CEPES Aragón defendemos que las cooperativas pueden ser uno de los pilares de una economía más democrática, arraigada e inclusiva. Aragón tiene historia, entidades, talento y herramientas para avanzar. La tarea es convertirlas en futuro compartido.

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06/07/2026